me voy metiendo en la boca como un faquir las palabras que escribiste me las trago como un sable hasta la base de la tripa sin mordisco sin saliva las engullo en un instante.
huele a sangre frita la cocina que custodian.
con todas la galas de felpa puestas
juegan a cartas de canto mordido
-amarillos los dedos, la baraja y la bilis-,
rumian gordos sentimientos de domingo siempre.
ay, ay, tan lejos se nos marcha
y no vuelve a los convites
de carne mechada al horno
y patés en pan cuadrado.
rabian las gallinas entre sus heces
y las antenas de telefonía móvil,
chirrían los muelles de sus pocas camas
y todo el viento se acumula en la chimenea sucia
levantando un palmo del suelo la ceniza.
unas palomitas de microondas,
unas pastillas para no morirse.
vamos a escribirle un mensaje
aunque sea de plantilla te-extraño,
no-te-olvido y unos puntos suspensivos
y qué gracioso aquel anuncio
y qué de menos que te echo
(que te echamos)
Se acerca un ruido ladrado. La carne se va abultando con esa naturaleza repentina de pollo. No hay que asustarse. Todo se desplaza con un temblor minúsculo de labio. Uno sabe que en alguna imprenta están tirando a la basura el calendario recién impreso del año entrante; y un pastor es adelantado por su rebaño en el camino.