sábado, 17 de mayo de 2008

ni tú ni nadie 0


aprendió a caminar sobre la arena así que, luego, la dureza del asfalto le hacía perder el equilibrio a cada paso. al poco tiempo, le habían hundido las costillas buscándole un pulso que, una vez de regreso, nadie pudo asegurarle que fuera el mismo. antes que a leer le enseñaron a mover fichas de tablero de batalla en miniatura. y como no podía recordar ninguno de estos hechos, durante el interrogatorio les enseñó la costilla aplastada y bostezó.

3 comentarios:

danielsan dijo...

Y quizás, pensó que era en la arena donde debía haberse quedado. Por lo menos allí ya había aprendido a caminar con cierta facilidad y había desarrollado una gran destreza adiestrando cangrejos, pasaba los ratos muertos destilando las algas moradas para hacerse un amargo y sabroso licor. También allí coleccionaba viejos y oxidados anzuelos con los que algún día tejería un toldo para su modesta casa en el arbol.

danielsan dijo...

Después del café descafeinado y las galletas que tan bien le sentaron, cojió un níspero, estaba algo picoteado por los jilgueros, lo peló y se lo metió entero en la boca. Así es como le gustaba comérselos, desmenuzándolo con la lengua hasta que desapareciera toda su carne y entonces poder juguetear con sus dos o tres huesos marrones y resbaladizos, cuatro lo consideraba premio. Le divertía tratar de decir palabras que contienen la letra "z" con ellos en la boca: Zancudo, Zampar, sandeZ, trompaZo...

danielsan dijo...

Atragantose el cangrego mientras engullía una de las costillas, bostezó y continuó afilando el cortauñas, sus calcetines empezaban a deshilacharse.